Tema

El presente trabajo se enmarca dentro de la temática general de adolescencia, jóvenes e identidad. Más específicamente, pretende explorar la concepción, negociación y lectura de la identidad adolescente a través de narrativas del Yo  y registros corporales.

Marco Teórico

En la literatura académica, el concepto de subjetividad nos remite a la percepción que un individuo tiene de si mismo y de sus experiencias. Por su parte, la identidad es abordada como un proceso relacional y dinámico a través del cual el individuo negocia su subjetividad, con el mundo social que lo rodea (Salazar, 2005).

Si bien el proceso identitario no es exclusivo de una etapa determinada de la vida, la adolescencia se caracteriza por ser un momento en el cual se espera que el individuo empiece, entre otras cosas, a consolidar su identidad (Steinberg & Morris, 2001). Sin embargo, dicha búsqueda identitaria se presenta, en mayor medida, dentro de las clases medias y altas de la sociedad. Lo anterior debido a que estas últimas se encuentran en un periodo de moratoria social, donde los individuos cuentan con el tiempo y las posibilidades para adentrarse en una exploración de su propia identidad, en una “excursión reflexiva” (Salazar, 2005: 10). De esta manera, “En las capas media y alta, el ser adolescente es un privilegio, un momento de libertad y de permisividad muy diferente a la experiencia de los adolescentes de las capas bajas, quienes no definen este momento de la vida como una excursión reflexiva” (Salazar, 2005: 10). De acuerdo con el informe final que produjo el DAAC[1] para la Investigación sobre Juventud para la Formulación de la Política Pública, para jóvenes de estratos altos

“El consumo de entretenimiento garantiza una cierta seguridad ontológica complementada por la que genera materialmente su propia condición de clase y que gira en torno al “vivir la vida” como expresión máxima de tales seguridades; consumo que en apariencia se presenta como decisión y distinción y que clasifica a las personas, haciendo incluso de las relaciones sociales algo que también se consume”. (DAAC, 2002:68)

En este punto es importante resaltar que, de acuerdo con Gómez y González (2003), los adolescentes de clases medias y altas pueden ser considerados como “jóvenes integrados”. Esto en la medida en que reproducen las elites, y por consiguiente, la estructura de la vida social, a través de diversos elementos tales como la apariencia física y los proyectos corporales. Es decir, ser joven implica actos de puesta en escena.

“El que se tienda a privilegiar en la observación a aquellas expresiones culturales que resaltan por su contraste con el mundo adulto y su riqueza en simbologías y estéticas—las culturas espectaculares—tiene que ver con que surja tal idea de cultura juvenil con factor diferenciador que ofrece cierta autonomía a los jóvenes mientras se encuentran dentro de ellas (DAAC 2002:72)

En este punto cabe enfatizar que el cuerpo adquiere valor simbólico al constituirse en un registro de la persona y de su identidad. “En una sociedad en la que el carácter individualista ejerce efectos significativos, el repliegue del sujeto sobre si mismo convierte al cuerpo en una realidad ambigua, la marca misma de la individualidad” (Le Breton: 1990: 68). En este orden de ideas, gran parte de la identidad se encuentra plasmada en la apariencia física de la persona. De acuerdo con Joan Jacobs Brumberg, para los jóvenes, el cuerpo es un proyecto en construcción, “hay una tendencia a verlo como una entidad que está en el proceso de convertirse, un proyecto en el que se debe trabajar y ser exitoso como parte de la identidad del individuo” (Schilling, 1993: 5 en Salazar, 2005: 10). Para Gómez y González (2003) las superficies corporales son textos en donde es posible leer la manera como los jóvenes proyectan su identidad.

Según Chris Schilling (1993), el cuerpo es una entidad no terminada que va moldeándose de acuerdo con los distintos procesos sociales, culturales y económicos a los cuales el individuo se encuentra expuesto. En este orden de ideas, Schilling señala que la clase social de un individuo se inscribe en el cuerpo del mismo, perpetuándose a través de características como el Habitus, la ubicación social y el gusto. Tal noción, es fundamental para Bourdieu., quien plantea que ésta última se inculca desde la temprana infancia, haciéndolo parecer heredado o natural. Sin embargo, el gusto – y sobre todo el gusto <<refinado>> de las clases altas – sigue variadas reglas culturales, sutiles y solamente percibidas por sus mismos conocedores (Salazar, 2005: 11 & Schilling, 1993). “El cuerpo transformado por el contexto social del actor es el vector semántico mediante el cual se hace evidente la relación entre el individuo y su mundo” (LeBreton,1990) Entonces, al retomar lo anteriormente enunciado se puede afirmar que el cuerpo, a través de su apariencia física, funciona como un mecanismo de registro de la identidad individual, mediada por las condiciones materiales, de status y estéticas, así como el gusto de la clase a la cual se pertenece.

En la medida que el cuerpo se constituye como un registro de la identidad, también funciona como un “capital físico” (Shiling 2003) que obstaculiza o facilita la adquisición de status y legitimación social. Dicha legitimación se encuentra condicionada por la mirada crítica de los demás, la cual acepta o sanciona las constantes expresiones de identidad, de acuerdo a los discursos y practicas que en ella se negocian.

Los jóvenes desarrollan un tipo de mirada  crítica sobre el aspecto físico de sus pares, la cual “disecta” al objeto de observación. En este orden de ideas el “Test Óptico”, nos remite a la habilidad de leer en la superficie de otra persona elementos que den indicios de su interior, de su subjetividad, permitiendo así legitimarla o sancionarla.

“la pericia depende justamente de  de la capacidad de hacer un juicio de “lo mirado” (…) una mirada que – en tanto relación fundante – produce a un sujeto-disector y un objeto objetivado (cosificado) (…) saber cifrar y calcular con experticia clínica la apariencia propia y la de los demás (…) un saber y una práctica permanente. Es un saber conquistado en el mundo práctico tal como el habla o la gestualidad del rostro” (Gómez y González, 2003: 157 a 162).

Ahora, si el cuerpo del joven integrado refleja una identidad inevitablemente mediada por su adscripción a una clase social alta, esto habría de reflejarse en una apariencia física que – al someterse a la disección minuciosa de un grupo de pares – tuviese sutiles matices que sólo son perceptibles para ellos. Así, el cuerpo adolescente es un proyecto atado a la expresión de la identidad individual y, por lo tanto, el cuerpo y la identidad del joven de la clase alta deben corresponder a ciertos estándares formulados al interior de la misma.

Problema de Investigación

La literatura académica se ha interesado progresivamente por los procesos de configuración y escenificación de la identidad, particularmente en la población adolescente. Lo anterior debido a que tal población, especialmente aquella que hace parte de las clases altas, se encuentra en un periodo de libertad y permisividad social, que hacen posible la exploración, registro corporal, y percepción critica de la misma.

Como consecuencia de lo anterior, es importante determinar cómo los adolescentes piensan su identidad, y cuáles son los elementos que incluyen y excluyen en la configuración de la misma. Es relevante, establecer cuáles son las coherencias y disonancias que median entre las narrativas que exteriorizan las concepciones de identidad de los adolescentes, y la manera como esta identidad es percibida a través de los registros corporales.

Objetivo

El objetivo de la siguiente investigación es identificar cómo se expresan, mediante narrativas del yo y los registros corporales, la percepción, negociación y lectura de la identidad adolescente

Población

De acuerdo con el último censo poblacional del Departamento Administrativo de Estadística – DANE en Colombia existen 3`933.754 adolescentes, entre los quince y diecinueve años, los cuales constituyen el 9.48% de la población nacional. De esa cifra, 584.124 (14.85%) residen en Bogota. Todo lo anterior pone en evidencia que el 1.41% de la población nacional se encuentra entre los 15 y 19 años de edad y reside en la capital. Desafortunadamente, el manejo de las estadísticas poblacionales colombianas, realizado por el DANE, no ha discriminado la información de los jóvenes bogotanos, de acuerdo a sus niveles socioeconómicos. Esto, dificultando la consecución de cifras sobre jóvenes integrados en la capital del país, los cuales constituyen la población de la presente investigación.

Con el objetivo de analizar las narrativas mediante las cuales los adolescentes construyen y negocian su identidad, y la manera cómo dicho diálogo entre subjetividad y entorno se ubica y registra en el cuerpo, se decidió efectuar un estudio focalizado de acuerdo con criterios de clase y edad. Es precisamente por lo anterior que el presente trabajo se concentra en analizar a ocho adolescentes integrados, entre los 12 y 19 años, pertenecientes a estratos 5 y 6 de la ciudad de Bogotá.

En Colombia existe una disonancia en la delimitación oficial de los rangos de edad que definen la adolescencia. Por ejemplo, el Departamento Administrativo para la Acción Comunal del Distrito ubica la adolescencia en un rango entre los 12 y los 19 años de edad, mientras que el ordenamiento jurídico nacional no limita la categoría en absoluto. Finalmente las estadísticas del DANE no identifican la adolescencia con un grupo de edad determinado. Para efectos de esta investigación se escogió el rango delimitado por el DAAC, al ser este el empleado para generar políticas en el Programa Presidencial para las Juventudes – Colombia Joven.

Una vez establecido los criterios de inclusión, se recurrió a un mecanismo de referencia de informantes para contactar al grupo en cuestión. La investigación fue llevada a cabo, entre los meses de marzo y abril de 2008, a través de entrevistas semi-estructuradas.

3. Metodología

Teniendo en cuenta la naturaleza de esta investigación, cuyo objetivo central es identificar cómo se expresan, mediante narrativas del yo y los registros corporales, la percepción, negociación y lectura de la identidad adolescente, se adoptó una perspectiva metodológica basada en el análisis de las narrativas de los adolescentes en cuestión a través de entrevistas semi-estructuradas y así como con observación participante.

Se decidió utilizar éstas herramientas de investigación porque pretendíamos enfocarnos en las narrativas, en cómo los adolescentes se piensan a si mismos y cómo piensan la identidad de los demás a través de registros corporales. Más específicamente, se emplearon entrevistas semi-estructuradas, ya que estas últimas porque generan espacios de interacción con los encuestados que les permiten profundizar en sus respuestas, expresando espontáneamente lo que piensan, impidiendo que el diálogo se desvíe de su propósito original.

Las entrevistas se dividieron en tres fases:

Primera Fase:

Se entrevistó a los ocho adolescentes de manera individual, con el propósito general de identificar cómo éstos se piensan a si mismos y qué elementos asumen como constitutivos de su identidad. Dicho propósito se dividió en tres objetivos específicos, los cuales se operacionalizaron a través de tres preguntas cada uno.

1.1. Objetivo: Identificar cómo se expresan, mediante narrativas del Yo, la percepción y negociación de la identidad personal.

  • ¿Quién es usted?
  • ¿Cómo se describiría a usted mismo?
  • Mencione 5 adjetivos que usted cree que lo describen en su totalidad.

1.2. Objetivo: Determinar qué referentes externos seleccionan y adoptan en el constante proceso de construcción identitaria.

  • ¿Con que grupo social se identifica usted y porque?
  • ¿Con que personaje o modelo de persona se identifica usted y porque?
  • ¿Considera que la apariencia física de una persona afecta su manera de relacionarse con los demás?

1.3. Objetivo: Estudiar cómo se registra y se exhiben los elementos de la identidad mediante el cuerpo.

  • ¿Qué elementos de su cuerpo cree que muestran o reflejan su identidad?
  • Descríbase corporalmente
  • ¿Cuáles partes de su cuerpo le gustan, cuales no, y porque?

Segunda Fase

Con el propósito de identificar la manera como se registra la identidad a través de la imagen corporal, se le pidió a cuatro de estos adolescentes que remitieran cinco fotografías cada uno, las cuales sintiesen que reflejaban su identidad, y explicaran por qué.

Tercera Fase

Se procedió a mostrar las fotos del primer grupo a cada uno de los integrantes del segundo grupo de manera individual, pidiéndoles que intentaran describir la identidad la persona a través de sus fotos.

Posteriormente, los jóvenes de este grupo compartieron sus conclusiones de manera grupal, debatiendo sobre la relación entre la percepción de la identidad y la lectura de ésta a través de los registros corporales plasmados en las fotos.

Como se mencionó con anterioridad, se recurrió a un mecanismo de referencia de informantes para contactar al grupo en cuestión. Una vez contactados, se les invitó a participar en una investigación sobre adolescencia e identidad, sin explicarles los procedimientos específicos que se iban a emplear, puesto que se temía que, al describir la segunda fase de las entrevistas, se le diera una connotación corporal a la investigación, la cual pudiese llegar a sesgar las respuestas de los entrevistados.

4. Resultados:

4.1  Percepción de la Identidad: Elementos constitutivos y Narrativas del Yo

Para empezar es importante resaltar que, en los datos obtenidos del trabajo de campo, es posible identificar la existencia de una disonancia entre la manera como los jóvenes integrados perciben su identidad, y la forma como conciben la identidad de sus pares, a partir de los registros corporales de estos últimos. Lo anterior se pone en evidencia en cuatro de las caracterizaciones más comunes que dichos jóvenes hacen de la identidad, a saber: la identidad como esencia, como inmutabilidad, como incorporeidad y como elemento de distinción.

En primer lugar es posible afirmar que los jóvenes integrados conciben su identidad como algo innato, inmanente y esencial. Para dichos jóvenes la identidad es algo que existe, incluso, con independencia a ellos mismos. Lo anterior se pone en evidencia cuando manifiestan “yo soy el alma que está en todo el cuerpo… que es el fantasma que uno tiene… lo que lo mantiene”. A pesar de lo anterior, los jóvenes mencionados leen la identidad de sus pares con relación a características externas, tales como los gustos y las cualidades. Esto se pone en evidencia cuando expresan “se nota que esa niña es rumbera, que tiene muchos amigos, que le gusta salir” o “se nota que es jugador de futbol”. Como consecuencia de lo anterior es posible afirmar que los jóvenes integrados conciben su identidad como algo esencial, a la vez que perciben la de los demás como algo condicionado.

En segundo lugar cabe resaltar que la población estudiada entiende la identidad como algo estático e inmutable, algo que no es susceptible de cambiar. Esto se observa cuando uno de los entrevistados manifiesta “Mi identidad es el alma, porque el cuerpo puede cambiar mañana o ya, y el alma no”, o “simplemente yo soy lo que soy, y nadie lo puede cambiar”. A pesar de lo anterior, los jóvenes entrevistados perciben la identidad de sus pares como una continua negociación con el entorno, y por consiguiente, como un proceso de cambio permanente. Esto se muestra cuando definen a los demás por el estado de ánimo que parecen experimentar en una situación determinada, es decir, cuando expresan “ella parece alegre, tranquila, optimista”. Así mismo cuando manifiestan, “es un niño, un estudiante, un amigo”. Es precisamente por esto que es posible afirmar que los sujetos de estudio del presente trabajo entienden su identidad como algo inmutable, mientras perciben la de los demás como algo circunstancial y contingente.

En tercer lugar es posible afirmar que los adolescentes entrevistados conciben su identidad como algo interno e incorpóreo, como algo absolutamente independiente al cuerpo. De esta manera, el cuerpo no parece ser parte de lo que se es. Dicha afirmación se pone evidencia al observar que solo uno de los entrevistados utilizó adjetivos corporales para definirse a sí mismo, todos los demás se describían como personas “alegres, divertidas, descomplicadas, que saben lo que quieren, inteligentes, buena gentes, responsables, familiares etc.”. Así mismo, tal noción de identidad se muestra en expresiones como “yo soy la persona que vive dentro del cuerpo, que lo hace mover”. A pesar de lo anterior, los jóvenes integrados perciben la identidad de sus pares como algo corpóreo, inseparable del cuerpo, como algo material. Esto se pone de presente cuando los entrevistados manifiestan “Es un churro, se ve queridísimo” o “se le nota en los ojos que es una buena persona”. Como consecuencia de lo anterior es posible afirmar que los entrevistados entienden su propia identidad como algo inmaterial e incorpóreo, a la vez que perciben la de los demás como algo inseparable del cuerpo, que inevitablemente se encuentra latente en él.

Por último es importante mencionar que los jóvenes integrados conciben la identidad como algo que los diferencia y los caracteriza, como algo que les proporciona singularidad. Esto se pone en evidencia cuando manifiestan “identidad son las características que hacen a un humano diferente a otro” o “la identidad es lo que me hace ser único e irrepetible”. A pesar de lo anterior, tales jóvenes perciben la identidad de sus pares como algo que los normaliza y adscribe dentro de un contexto o grupo particular. De esta manera, los entrevistados expresan “es un hippy” o “se nota que es buena amiga, buena hija”. De esta manera, es posible afirmar que los jóvenes integrados entienden su identidad como algo que les proporciona particularidad y distinción, mientras perciben la de los demás como algo que los enmarca y registra en un contexto particular.

Para terminar, es posible concluir que los jóvenes integrados conciben su identidad como algo esencial, inmutable, incorpóreo y singular, mientras perciben la de sus pares como algo condicionado, contingente, corpóreo y grupal. Es decir, existe una disonancia evidente entre las narrativas relativas a la identidad propia, y las lecturas referentes a los registros corporales de la identidad de los demás.

4.2. La identidad y su relación con el cuerpo

En este apartado se disctutrirá la manera como los adolescentes entrevistados registran y exhiben su identidad mediante el cuerpo.

El primer punto que llamó la atención es que, si bien es posible afirmar que éstos adolescentes conciben su identidad como algo absolutamente independiente al cuerpo, constantemente reconocen que éste ultimo es un vehículo que permite reflejar elementos constitutivos de la propia identidad y, así mismo, que permite leer la identidad de los demás. En este contexto, el cuerpo aparece como una posesión y como un instrumento que permite relacionarse con el medio.

Con relación a lo anterior, el cuerpo es visto como una entidad natural que no se encuentra socialmente mediada, la cual no está sujeta a un proyecto. Sin embargo, éstas afirmaciones entran en disonancia en tres maneras:

Primero, en la medida que, al describir su corporalidad, los adolescentes entrevistados, siempre se refieren a rasgos anatomo-fisiológicos tales como la estatura o el peso, los cuales son categorías socialmente determinadas (por ejemplo, ser bajo o alto). Aunque se describen en torno a elementos que consideran neutrales, éstos adolescentes tienden a respaldar sus descripciones con justificaciones o valoraciones, por ejemplo, “soy bajita pero me siento bien”.

Segundo, aunque perciben el cuerpo como algo natural, como un no proyecto, a la vez reconocen expresar su identidad y dialogar a través de él. Esta idea se encuentra respaldada en el hecho que los vehículos más destacados en las entrevistas para expresar o leer la identidad a través del cuerpo se dieron a través de elementos como el corte de pelo y la ropa, los cuales se encuentran socialmente mediados.

Finalmente, se encontró que, al explicar la relación entre cuerpo e identidad, los jóvenes tendían a identificar tres elementos distintos: la cara como separada del cuerpo, el cuerpo como el contenedor de la identidad y los ojos como un elemento exterior que refleja la identidad que “se lleva adentro” En este escenario, los ojos parecen ser el elemento que conecta a los otros tres, situados en la cara, revelan lo que el cuerpo contiene en su interior: la identidad.


[1] Departamento Administrativo para la Acción Comunal del Distrito