El requisito fundamental para la elaboración de este trabajo fue hacerlo sobre un hecho real. Esto que al parecer es tan sencillo, me ocasionó varios inconvenientes partiendo de la escogencia del tema en sí, en la metodología que debía seguir y la manera que debía ser presentado. Como no encontré una definición de hecho real que me satisficiera, decidí hacer primero el trabajo práctico escogiendo el tema,  después de desarrollarlo y terminarlo, interpreté un hecho real y encontré mi propia definición al trabajo realizado.

Ahora, si este debía ser el orden de procedimientos correcto, es algo que no sé, pero resulto ser la única manera eficaz para no encasillarme en una discusión practico-político-filosófica, que me permitiese resguardarme bajo el discurso profesional y ético de algún gran realizador de films documentales o etnológicos, y que tal vez hubiese sido la solución más fácil y simplemente hacer una mala copia de alguna obra reconocida.

Siguiendo este orden de ideas haré una descripción de mi trabajo práctico al cual bauticé Rooster.

La idea original fue hacer un documental acerca de la las peleas de gallos en la ciudad de Bogotá, quería identificar las dinámicas de las personas, las relaciones y representaciones sociales, los vínculos que se pueden desprender, las situaciones que se pueden llegar a presentar como conflictos y soluciones; el valor del dinero, el honor y la palabra etc. Para esto lo primero que tenía que hacer era adquirir las autorizaciones necesarias par dicho fin, razón por la cual me entreviste con Don Claudio, el dueño del “Club Gallístico San Miguel” en el norte de Bogotá, aproximadamente en la calle 77 con carrera 17, una  cuadra abajo de la avenida caracas.

En el momento de conocer a Don Claudio me di cuenta que mis expectativas para identificar todas las temáticas que me propuse dentro del mundo de los galleros, eran tan grandes como pequeñas las posibilidades de ser realizadas.

La entrevista fue de aproximadamente un minuto, tiempo en el cual alcance a presentarme y solicitar la correspondiente autorización y recibir como respuesta un “la gente ya no quiere venir por tantos documentales que hacen” en una fracción de segundo tuve que entender y procesar la respuesta, a lo que yo le replique diciendo que me interesaba tomar fotos de tan reconocido establecimiento, así como de las riñas y los gallos, entonces Don Claudio dijo “déjenlos pasar”.

Una vez adentro entendí la razón de la reticencia de Don Claudio. Era obvio que yo era un extraño en el lugar, todas las personas se conocían, tal vez no de nombre, pero sabían quiénes eran galleros y quienes no y por supuesto yo no encajaba dentro del “test Óptico “

(Gómez 2003 pp: 157) de aquellas personas ,que acostumbraban reunirse en ese lugar.

Debo aclarar que aunque no note ninguna hostilidad hacia mí, tampoco hice nada para suscitarla. Las personas me ignoraban de una forma que encontré tentadora, mi razón me decía que no debía abusar de mi invisibilidad, porque si bien todos actuaban como si yo no existiera, esto duraría hasta el momento que fotografiara o filmara a la persona equivocada y debido a que yo no conocía a nadie en el lugar era mejor no tentar mi suerte.

Así  pues, decidí hacer tomas del establecimiento que resulto ser un verdadero coliseo, un ring que  está equipado con un reloj digital cuadrangular, micrófono para el juez , ascensor de poleas para los gallos y  un practico tapete de color rojo, alrededor  se encuentran las sillas numeradas y están separadas por colores que conforman anillos o círculos concéntricos, cada anillo esta debidamente separado de los otros y solo se puede tener acceso al más próximo al ring,  al pagar tres veces el valor de la boleta que se paga en el anillo mas retirado.

Fuera de la arena se pueden encontrar dos bares, uno en el primer y otro en el segundo piso donde se puede comprar el licor que se desee y si se quiere se puede ir al restaurante que queda a la entrada del establecimiento donde la especialidad es gallina.

A eso de las seis y media de la tarde de ese día viernes y después de tomar fotografías por todo el Club, me ubique en una silla junto al ring, justo delante de tres personajes  a los cuales todo el mundo saludaba, se encontraban tomando Whisky mientras esperaban que empezaran los combates.

Estuve atento a su charla, esperando la oportunidad para hacerles cualquier pregunta que me permitiera entablar una conversación con ellos, hasta que lo logre. Mi pregunta fue acerca del valor comercial de los animales y la hice aprovechando que ellos se encontraban hablando de razas de ejemplares, recibí respuesta inmediata a mi inquietud y una clasificación de los animales según el tiempo y el espacio en que se realice la transacción; de esta manera me quedo claro que aunque el aspecto físico cuenta, es más importante la “cuerda” o de donde venga el gallo, la reputación del propietario o gallero, el números de combates que tenga encima el ave etc.

De esta forma conocí a el Profe, su hijo y un amable señor que estaba con ellos, los tres estaban prestos a solucionar mis dudas e inquietudes, deseosos de compartir sus conocimientos y de demostrarme la complejidad del mundo de los gallos, todo esto lo compartían conmigo solamente para ilustrarme y reducir mi ignorancia con respecto a ese tema, y lo hacían de una manera muy atenta amable y desinteresada, siempre y cuando fuera “off the record” es decir fuera de cámara.

Entendí la predisposición de los galleros de aparecer en cámara, cuando el Profe y sus amigos contestaban esta entrevista abierta, por medio de elaboradas respuestas donde no solo se limitaban a responder lo que yo les preguntaba, sino que vinculaban su mundo y sus experiencias a ellas; experiencias tanto personales como de cualquier persona que se encontrara dentro de su círculo de conocidos en el mundo de los gallos.

Me enteré entonces que así como la mayoría de ellos son personas trabajadoras, de humilde origen agropecuario, también suelen asistir otra clase de personajes de grandes fortunas, las cuales no siempre han sido acumuladas a través de mecanismos legales, personajes que siempre van acompañados por su sequito de “perros” o guardaespaldas que se ubican en diferentes puntos alrededor del club.

Es por esto que, lo que se dice dentro de la gallera se queda en la gallera y las personas que no pertenecen al círculo y en especial cuando imponen su presencia con cámaras o algún otro elemento, que pueda llegar a comprometer a alguien por medio de una imagen o una declaración, no son muy bien aceptadas.

Fue en ese momento que confirmé mi sospecha, era bastante difícil llegar a cumplir los objetivos que me propuse para la realización del documental, dado que no tenía las herramientas necesarias para una correcta elaboración  del informe etnográfico, no tenía el tiempo necesario para establecer  relaciones de confianza, que se necesitarían para que mi presencia y más importante aún la de mi cámara fuera ignorada y aceptada; tampoco tenía los recursos monetarios necesarios para adquirir esta confianza, a raíz que esta se logra a través de las apuestas, las cuales en cada pelea “amarre”  muy rara vez son de menos de $500.000 y si se tiene en cuenta que las peleas son cada 15 minutos  desde las siete de la noche hasta la madrugada, puede llegar a ser mucho dinero

Claro está que hay apuestas por mucho menos dinero, que se hacen en la periferia del ring. No obstante,  la reputación del gallero es directamente proporcional a la cantidad de dinero que se apueste y así mismo afecta las relaciones de jerarquía entre galleros, pues los anillos que se encuentran alrededor del ring,  reflejan también círculos sociales de valores y estimación social que se van haciendo más estrechos y reducidos al acercarse al centro del ring.

Ahora, el problema no era solo monetario, pues las apuestas van mas allá del dinero lo que complejiza aún mas el asunto.

las postas al principio deben realizarse a través de algún personaje reconocido y con buena reputación, que garantice que los pagos se realicen de la manera correcta, luego de esto y una vez todas las personas saben que existe  un respaldo importante, hay que empezar a hacer las apuestas por uno mismo, donde lo de menor importancia es que tanto se sepa de gallos, aquí no se le apuesta solo al animal, lo que determina la apuesta es la “cuerda” y  la relación que se tenga con el gallero que presentó el ave , se invierte en la reputación del gallero,  se reafirman y estrechan vínculos a través de la confianza que produce depositar un capital monetario en el prestigio de un “par”(Gómez 2003 pp:149) que tendrá que hacer algo similar para responder a la confianza del apostador.

Ahora, si se gana o si se pierde es transitivo y solamente importante en la medida que se pague o se cobre la apuesta, lo anterior suena bastante obvio pero no lo es, porque hay diferentes tipos de apuestas que se realizan a lo largo de la pelea y con diferentes personajes, por lo cual hay que desarrollar un mecanismo de memoria de cuatro variables donde se sepa con quien se tranzo, cuanto y como.

Se supone que la palabra de gallero es ley, pero al parecer solo lo es entre galleros, pues según me contaba el Profe, no faltan los casos en donde se le cobra a alguien que no ha apostado o se le cobra a alguien que dice no acordarse, en cuyo caso hay problema y muy grave si es entre dos galleros,  puede incluso  haber muertos de por medio, esto muy raras veces sucede, porque por lo general pasa con personas que nadie conoce y sencillamente los sacan del Club.

Técnicamente tampoco tenía las herramientas necesarias, de contar con la confianza del grupo para filmar, (y aquí empiezo a formar mi noción de realidad), necesitaría mínimo dos equipos o cámaras, una principal y otra de apoyo, ambas  con bastante  memoria para poder captar las reacciones y relaciones que se pudieran producir tanto por quien se está filmando como personaje central y las de aquellos que se encuentren alrededor, de alguna manera como Vertov lo expresara cuando hablo del Ballet donde la cámara cobrara vida (en Grimshaw pp:81)

Dadas las condiciones de mi “realidad” técnico-económica-temporal, me dedique a filmar exclusivamente las peleas de los gallos y desistí en mi intento de hacer un documental etnográfico decente.

Fue mientras observaba el baile mortal de las aves en el ring, destrozándose literalmente a picotazos frente a el beneplácito de una multitud de espectadores, que lejos de impedir que se hagan daño, los animan a seguir hasta sus últimos alientos, sin importar que estuvieran empapados de sangre al punto de alcanzar a salpicar la cámara; cuando caí en cuenta que estaba observando y patrocinado un espectáculo de la más cruda violencia.

Pero lo más inquietante fue que al darme cuenta de la crueldad del asunto no me molesto. Pero ¿qué clase de ser humano era yo al no perturbarme ante semejante espectáculo? Lo primero que pensé es que cuando era pequeño crecí viendo programas de televisión como Pakemón, donde las criaturas fantásticas hacían exactamente lo mismo que los gallos, después me di cuenta  que culturalmente la humanidad ha disfrutado desde que se tiene conocimiento de este tipo de espectáculos, peleas de perros, toros, felinos, peses, escarabajos, gallos, personas etc.

Son prácticas que después de miles de años de existir aún permanecen asentadas en nuestros folclores, ya sea legal o ilegalmente y es poco lo que han cambiado pese al paso del tiempo, con excepción de las luchas entre personas que de la mano con las tecnologías han desarrollado normas y reglas complejas que las matizan en valores de prestigio social, al convertirlas en deportes de contacto (boxeo, lucha, etc.).

Me pregunte también si ese grado de des-sensibilización (si es que alguna vez fue más sensible)  pudiera  deberse  al hecho de vivir en un país como Colombia, que ha sufrido permanentemente de  violencia, desde mucho antes de ser Colombia y  estamos acostumbrados a ver  todos los días en los noticieros, en los diarios, en las calles etc.

¿Será que es cierta esa acusación que ya es “vox populi” acerca de nuestra propia des-sensibilización, donde se dice que los colombianos no tenemos memoria? ¿Hemos aprendido a vivir con masacres, secuestros o atentados, como mecanismo adaptativo que nos permite continuar con nuestras vidas a diario?

Bien puede decirse que, una cosa es si las mutilaciones, muerte o lesiones permanentes son en una pelea de gallos y otra muy distinta si se tratara de personas.

¿No es esto lo que vemos y vivimos a diario en este país del sagrado corazón, donde es más común que le ocurran estos horrores a las personas ya sean militares, campesinos, políticos, transeúntes que a los gallos de pelea?

Esto para mi es realidad, es la realidad colombiana y mundial. Mi video esta claramente modelado por el contexto globalizado de hoy (grimshaw pp:68).

Con el video, no pretendí responder a estas preguntas, pero si plantearlas para que cada quien busque la respuesta que más encuentren conveniente, en cuanto a la estética del trabajo no pretendí que tuviera relación con la novela americana o italiana de la cual nos habla Bazin.

Aunque debo decir que me apoye en el video de la canción Rooster, de la agrupación americana Alice In Chains, pues creí que tenia la misma línea de argumentación que yo deseaba expresar , por lo que también tome prestadas varias imágenes del video; unas de ellas claramente actuadas y otras reales, a estas les sume muchas fotografías y videos  de la Associated Press, National Geographic y de filmaciones de guerra publicados en internet, donde se muestra el día a día de los conflictos armados y los horrores de la guerra.

En el video que realicé traté de jugar con la temporalidad y moverme en la línea del tiempo desde los conflictos más recientes hasta los más antiguos, pero a raíz que las imágenes de guerra parecen ser atemporales al cambiar solamente las tecnologías expresadas en los uniformes e instrumentos de guerra y si no se tiene un conocimiento profundo de ellos es difícil dictaminar la data del video, entonces me base en  efectos de  revelado y de color para marcar la regresión en el tiempo, que pretendí hacer,.

Junto a estas imágenes intercale fotos e imágenes de las peleas de gallos que filmé, utilizando el mismo recurso con el color y la exposición para denotar una línea ascendente de tiempo de la riñas para demostrar que estas permanecen casi invariables con el tiempo a diferencia de las humanas donde las tecnologías las hacen cada vez mas mortales y globales.

Considero difícil decir que elementos tenga este trabajo de que se apeguen al Cinema Verite o al Direct Cinema con respecto a la realidad, dado que mi trabajo no lo realicé influenciado por la postguerra sino por la guerra y porque las imágenes que utilice fueron en su totalidad alteradas y colocadas estratégicamente para crear una narrativa que solo existe en mi imaginación, no quiere decir que sea un trabajo que no refleje la realidad, pues el tema y lo que expone es algo tan real y  universal.

Bibliografía

Bazin Andre, (QUE ES EL CINE), XX. EL REALISMO CINEMATOGRAFICO Y LA ESCUELA ITALIANA  DE LA LIBERACION (1948)

Gómez, Roció del Socorro Y Julián González (2003) Design /Diseñar el cuerpo joven y urbano, Cali: Universidad del Valle; Colciencias

Grimshaw, Anna. The Etnographer´s Eye. Cinema and anthropology in the postwar World. Cambridge  University Press